lunes, 17 de agosto de 2026

LIJ-502: TEATRO INFANTIL Y JUVENIL

 Otra de teatro infantil y juvenil de Guatemala, ahora de Miguel Ángel Asturias.

Grupo de chiquillos cuyo temperamento artístico contribuyó al buen éxito de la pastorela “Imágenes de nacimiento”, que admiró ayer tarde en el teatro Capitol numeroso público capitalino. La foto fue tomada antes de que los niños entraran a escena.


Por qué vamos a regatear un aplauso sincero a dos de los valores mejor definidos en la nueva generación guatemalteca? ¿Por sistema de oposición a todo lo que es innovar? ¿Por envidia al triunfo ajeno? ¿Por impotencia artística? No están con nosotras tan ruines armas y es por ello que desde un principio nos mostramos entusiastas admiradoras de la Pastorela Rítmica de nuestros compositores.

            La música de Castañeda, a juicio de quienes pueden decirlo, técnicamente, es notable y a juicio del público, de los que tenemos afición por la buena música, es preciosa, descriptiva, simpática si así puede llamarse a esa música que conmueve y hace vibrar las fibras íntimas del corazón. Música que arranca los aplausos, y se adapta perfectamente a la simplicidad pastoral de la obra, simplicidad que ese el mayor mérito de la escenografía de Miguel Ángel Asturias.

            Sencilla, para ser representada en la noche de navidad o en la fiesta de Reyes, la pastorela fue, puede decirse, un ensayo escénico; ella rompe los clásicos moldes de la antigua pastorela dialogada, y da al espectador algo nuevo, jugoso, grato, en los cuadros animados en que se mueven lentamente pastores, ángeles, reyes magos e indios guatemaltecos.

            A nuestro juicio, quizás exaltado pero siempre sincero, esta obra tiene un gran mérito: haber llevado al indio guatemalteco en forma tan digna y tan hermosa a la altura de las viejas figuras del nacimiento, hacerlo alternar noblemente, con su labor de campesino, sin que su traje pintoresco causara extrañeza y haciendo resaltar su aspecto agrícola.

            Mucho debemos aplaudir los guatemaltecos el valor de los autores al mezclar nuestros tipos criollos en la dorada leyenda de navidad; ellos han demostrado en sus lacras, en sus vicios, en su retraso intelectual, hay que llevarlo de la mano y juntarlo con piedad a otros seres humanos; dejarlo de exhibir como mono de circo, para presentarlo como hombre de las selvas y de los pueblos americanos.

            Pero nos desviamos del objeto principal de estos apuntes. Queremos hacer constar nuestro regocijo porque la obra de Asturias y Castañeda haya encontrado tan feliz acogida entre el público guatemalteco. Nuestro júbilo al pensar que no está distante el día en que se dé a los niños de nuestra tierra espectáculos verdaderamente bellos e infantiles, saliendo de la estrechez de las bambalinas de cartón, al teatro al aire libre, o por lo menos, al teatro especial para infantes, con música tierna y bella, con escenarios tan lindos como los que ha hecho Rafael Yela Günther para esta pastorela y con versos que hablen sin rubor de los frutos guatemaltecos, de las cosas nuestras tan cruelmente olvidadas hasta hoy por nuestros comediógrafos.

            Nuestro aplauso se extiende también a las nenas que interpretaron admirablemente los personajes de la pastorela y cuyos nombres anotamos a continuación: 

Niñitas Ordóñez
Lucita Arroyave
Hilda Valenzuela
Niñitas Ordóñez
Margarita Stadeler
Lucy Whitbeck
Lucita Dorión
Hellen Rosenberg
Norma Lara
René Dorión
Isabelita Aguirre
Sonnia Ibargüen
Margarita Matheu

Y un grupo de chiquitinas, que como dijera El Imparcial, eran verdaderos ángeles llenas de gracia y de belleza.

            Las partes del canto a cargo de la señora María Cristina Castañeda de Rojas, señorita Elenita Rodríguez Cerna y señor Tedy Melville, magistralmente interpretadas, contribuyendo al total éxito de la representación; digno de los mayores elogios es el desinterés de elementos artísticos de tal categoría, que sin hacer caso de prejuicios y orgullos vanos, ponen gentilmente la nota brillante de su arte para hacer que el conjunto de la obra sea totalmente magnífico.


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Fuente: 
©Biblioteca AGLIJ, 2026.
 

martes, 11 de agosto de 2026

LIJ-502: Teatro infantil y juvenil

 La última obra de Drago Bracco.

Adolfo Drago Bracco, autor de la comedieta “El vencedor vencido” rodeado de las alumnas de colegio Minerva, que la interpretaron felizmente en el acto de clausura de tareas lectivas del referido plantel.


Es una especie de devoción: cuando el colegio Minerva de Quetzaltenango celebra el acto de clausura de sus tareas lectivas, Adolfo Drago Bracco, nuestro redactor corresponsal en la bella ciudad altense, escribe una pequeña comedia para que la representante las alumnas. –Drago Bracco es un dramaturgo de empuje: hace la obra seria, la alta comedia, aborda el problema social y lo resuelve con todo éxito y con envidiable desenvoltura. Así, dirán los lectores, la factura de la obra infantil de todos los años debe parecerle una tontería.

            Claro, que escribir, ordenar las escenas, “hacer” la comedieta, es cosa que no le da mayores quebraderos de cabeza. Pero, diga el que más o menos se dé cuenta de lo que es escribir una comedia, sino obligará a pensar más de un rato desenvolver, no diré un argumento, pero si un asunto dentro de los límites escénicos, para que sirva de eje a un trabajo que van a desarrollar niñas de escuela; porque para que una pieza teatral –por muy infantil que sea– tenga alguna emoción no puede prescindirse de ciertas cosas, de ciertos detalles, de ciertos resortes que la base fundamental en todas las cuestiones que se llevan al teatro, por mucho que éste sea de fantasía. Pongamos, por ejemplo, el amor…

            Y ahí tienen ustedes a Drago Bacco –que hace la obra seria, la alta comedia– trabajando su obra como si bordara sobre tela de araña o hiciera calados en cascarón de huevo. No hay, pues, esfuerzo, pero si hay y muy abundante, trabajo minucioso y delicado.

            La comedieta de este año se llama “El vencedor vencido”. Es una cosilla de los más sútil y alado que puede pedirse. Exige el ademán suave, la frase dulce y sencilla, exige también el decorado que esté de acuerdo con los lectores y actrices vestido de fantasía y con el asunto tan… ¿cómo decir?: tan frívolo de la pieza. –Mas, las alumnas del colegio Minerva, saben salir avantes en estos casos y por lo que toca al decorado, lo hizo Aranda Klée, que sabe ampliamente su oficio.

            Con todos esos detalles y con lo que la obra tiene de bueno de por sí, la representación –según nos contara aquí en la redacción un amigo llegado de Quetzaltenango– resultó buena de verdad.

            Por todo ello, felicitamos con todo cariño al autor de “El vencedor vencido”; a sus felices intérpretes, al pintor escenógrafo y a la directora del colegio y a todos cuantos directa o indirectamente tuvieron que ver con la representación de la comedia de Drago Bracco.


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© Biblioteca AGLIJ, 2026. Fuente: 1928.

domingo, 2 de agosto de 2026

LIJ-502: Noveno aniversario.

  1 de agosto de 2026, cumplimos nueve años.



martes, 7 de julio de 2026

Infancia GT

La infancia que espera 
que le presenten el mundo
es una infancia que no espera 
ser esperanza
porque simplemente ya lo es.


Pero, 
en Guatemala, ese mundo
para la infancia 
es un presente continuo, 
donde la esperanza 
simplemente, se congeló.




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Fuente: D. R. Biblioteca AGLIJ, 2026.

martes, 30 de junio de 2026

LIJ-502: La Comunidad


 

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Fuente: AGLIJ, 2026.

jueves, 14 de mayo de 2026

¡Alegría!

En la Asociación Guatemalteca de LIJ estamos muy alegres y orgulloso, hemos alcanzado las:

 

¡Gracias! 

13 de mayo de 2026


martes, 14 de abril de 2026

LIJ-Gt: Artículo

Horrores que circulan como literatura infantil.

Por Dolores C. de Burián, 1942.


    Con los cuentos truculentos, sanguinarios y feroces, que leyeron los niños hasta ayer, y que todavía andan por las librerías, es lógico que aumentara la criminalidad en tiempos de guerras y en tiempos de paz. Los padres que han permitido a sus hijos como primeras lecturas esos cuentos terribles que nos legó la Edad Media, son responsables de inúmeras crueldades, anomalías y bestialismos.    

    En Blanca Nieves, la reina envidiosa de la belleza de su hijastra Blanca Nieves, ordena a un cazador que la mate. El cazador lleva a la reina las entrañas –que ha cambiado por las de un ciervo- y la reina se las come creyéndolas humanas. La reina descubre que las entrañas no han sido las de su hijastra ni que ésta ha muerto, y como castigo hace calzar a Blanca Nieves unas zapatillas de baile enrojecidas de fuego, que le achicharran los pies y le causan la muerte.

    Es un crimen que todavía hoy se entreguen a los niños tales relatos.

    En Juanito y Anita –conocido también por Juanita y Margarita –dos niños abandonados por sus padres en el bosque, so pretexto de miseria, llegan en sus correrías a la cabaña de una vieja bruja que se apodera de los niños con la intención de comérselos.

    Pulgarcito es la historia del abandono de siete niños en un bosque por sus padres. Van a la cabaña de un ogro que se come a los niños vivos y que degüella a sus siete hijas.

    Griselda es la historia de las crueldades que un joven rey comete con su esposa, a quien repudia, para casarse con su propia hija.

    En Piel de Asno un rey, al enviudar, concibe el proyecto de casarse con su propia hija.

    En Barba Azul una joven se casa con Barba Azul, quien es viudo por sexta vez. La mujer descubre, horrorizada, los cuerpos sin vida de las seis mujeres anteriores de su marido, manchándose con la sangre que cubría el suelo. Barba Azul intenta quitarle la vida también a ella, pero sus dos hermanos la salvan, matando al sanguinario Barba Azul.

    Padres: ¡Apartad estas enseñanzas de crueldades de vuestros hijos y de todo ser humano! 

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Fuente: Biblioteca AGLIJ, 2026.


martes, 10 de febrero de 2026

Historia LIJ 502: Niños sin niñez

Niños sin niñez

por  Francisco Figueroa

Lo que es los niños están, como se dice, en el candelero, en calidad de tema favorito de maestros y de periodistas que en estos días han dedicado más de un artículo cargado de sustancia y de hondo interés patriótico al referirse a los problemas y necesidades irresueltas de la infancia, particularmente en lo relativo a las bibliotecas especiales para quienes andan en esa dichosa edad de la vida, y que es indudable se instalarán en nuestros principales centros urbanos en cuanto se cuente con los medios de organizarlas y sostenerlas, creando así motivos complementarios de felicidad y desarrollo mental para los futuros hombres y mujeres, si damos fe -¡y cómo no!- a las observaciones anotadas paciente y razonadamente por el fervor de Manuel Chavarría Flores, uno de los más empeñados en esa que ya puede llamarse campaña cultural, pues en ella interviene con acierto y entusiasmo otro talento joven y madura que derrama sus joyas mentales en las columnas de este diario.

Ese interés manifiesto por los niños y cuanto con ellos se relaciona es harto explicable en estos tiempos, si consideramos que el presente ha sido llamado el siglo de la infancia; y en estos días, si tenemos en cuenta que están próximas a reabrirse nuestras escuelas con la llegada del mes florido, y como cosa natural y consecuente a tan gratas proximidades el corazón se abre a sentimientos esperanzadores que encuentran en el reflorecer de la naturaleza y en el renuevo de la humanidad su mejor motivo.

Algunas veces, claro está, esos sentimientos ceden lugar aunque acá de modo provisional a una suerte de desánimo que, si somos corajudos, convertimos en estímulo para enfrentar verdad a las realidades en lógica acción de quien quiere ir al acontecimiento de éstas son preceptos engañosos. A la inversa, quien se siente débil se abandona con facilidad al influjo de situaciones ingratas o pretende modificarlas en su favor mintiéndose a sí propio.

Ocurre esto –y las respectivas consecuencias según el temple de alma que se tenga, como queda dicho- en presencia y por la observación cotidiana, repetida, constante hasta no quedar duda de que se trata de un hecho social externo, de chiquillos que abarcan desde la edad parvulario hasta la pre adolescencia, los cuales ofrecen algunos claros de una privación grave que deberá afectar su vida toda: privación de su niñez, de los derechos, oportunidades y privilegios añejos a esa condición. Fundamenta este aserto el apreciar en los referidos chicuelos, lo bastante numerosos para preocupar a quien siente interés y cariño por ellos, señales evidentes del abandono a que viven sujetos en lo que se refiere a su salud, educación, vestido, por causas imputables a los padres en mayoría de casos, y en otros atribuibles con más o menos certeza a un notorio desajuste –que por cierto tiene carácter universal- en lo que se relaciona con las condiciones de vida de los diferentes grupos constituyentes de la colectividad humana.

Dejando cada última hipótesis de lado, me ocuparé de aquellos casos en que inconsciente o deliberadamente, a impulsos de costumbre familiar o por imperativos de la necesidad, siempre como un síntoma de inadecuación y mal gusto, se priva a los niños hasta del encanto de vestir como tales, lo cual en final resultado les seca el alma y les deja sin ella el resto de la existencia, pues parece como si hubieran nacido viejos, sucios y perezosos cuando no malos y prontos a reclutarse en las filas del delito. Es cosa corriente ver entre los muy pobres como entre los que superan esa situación sin ser la suya muy holgada, cómo visten a sus pequeñitos, desde que quieren y empiezan a gatear, con burdos pantalones y sombrerotes los hombrecitos, que arrastran una grotesca chaqueta para completar la apariencia adulta y triste de seres humanos malogrados con anticuadas enaguas y rebozos las mujercitas, que ya así adoptan la actitud arisca y severa de hembras mayores. Por supuesto, tendría gracia como juego si ese disfraz de su verdadero estado pueril durara un rato, un día; pero como lo llevan los pobrecitos como una señal infamante, pues la tal vestimenta está siempre formada de grupos de harapos, la influencia deprimente y formadora del complejo de inferioridad, resalta con tal evidencia que no verla acusaría falta de visión.

Parecerá menuda a quien no gusta de estas observaciones el ocuparse de un aspecto que al seco de espíritu nada dice. Con poco puede convencérsele de su error, pues tras la señal visible está una serie de actos, de comisiones, de descuidos y de imposibilidades que obligan a afirmar que a esos niños se les roba su infancia, se les defrauda por adelantado en cuando constituye su derecho natural por el hecho de ser humanos y se les coloca más cerca de la muerte física que líquida felizmente muchas imperfecciones, o de la vida insuficiente en que serán pobres seres condenados a caer muchas veces antes de la definitiva liberación.

En efecto, es de creerse que el niño envuelto en harapos que imitan traje de hombre –campesino, mozo de cordel, basurero, mendigo…- o la niñita que parece una mengala en miniatura –verdulera, sirvienta, prostituta…- también carecen dentro del mísero hogar de su ración de leche, de cariño, de alegría. Son por anticipado carne de sufrimiento, de carencias, de odios. Sus juguetes son el cacaxte, la piedra de moler, el canasto. Porque esa es otra: desde muy tiernos se inician en el aprendizaje del oficio de sus progenitores a quienes acompañan para entrenar las piernas en el largo andar, y a veces ayudan con grandes desproporcionadas cargas de buhonería, de verdulería. 

Es este el caso en que, por muy fuertes que nos sintamos no podemos eludir el desfallecimiento, al peso pesadísimo del pesimismo.

            Y no es juego de palabras, que sería demasiado cruel para ofrecerlo como único posible consuelo a todos esos niños que no tienen, que no tuvieron, que no tendrán lo más propio para ellos: su niñez.

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Fuente. El Liberal Progresista, 1942.. 
©Biblioteca AGLIJ, 2026.
©Fotografía de Frieda Morales.