Otra de teatro infantil y juvenil de Guatemala, ahora de Miguel Ángel Asturias.
Por qué vamos a regatear un aplauso sincero a dos de los valores mejor definidos en la nueva generación guatemalteca? ¿Por sistema de oposición a todo lo que es innovar? ¿Por envidia al triunfo ajeno? ¿Por impotencia artística? No están con nosotras tan ruines armas y es por ello que desde un principio nos mostramos entusiastas admiradoras de la Pastorela Rítmica de nuestros compositores.
La
música de Castañeda, a juicio de quienes pueden decirlo, técnicamente, es
notable y a juicio del público, de los que tenemos afición por la buena música,
es preciosa, descriptiva, simpática si así puede llamarse a esa música que
conmueve y hace vibrar las fibras íntimas del corazón. Música que arranca los
aplausos, y se adapta perfectamente a la simplicidad pastoral de la obra,
simplicidad que ese el mayor mérito de la escenografía de Miguel Ángel
Asturias.
Sencilla,
para ser representada en la noche de navidad o en la fiesta de Reyes, la
pastorela fue, puede decirse, un ensayo escénico; ella rompe los clásicos
moldes de la antigua pastorela dialogada, y da al espectador algo nuevo,
jugoso, grato, en los cuadros animados en que se mueven lentamente pastores,
ángeles, reyes magos e indios guatemaltecos.
A
nuestro juicio, quizás exaltado pero siempre sincero, esta obra tiene un gran
mérito: haber llevado al indio guatemalteco en forma tan digna y tan hermosa a
la altura de las viejas figuras del nacimiento, hacerlo alternar noblemente,
con su labor de campesino, sin que su traje pintoresco causara extrañeza y
haciendo resaltar su aspecto agrícola.
Mucho
debemos aplaudir los guatemaltecos el valor de los autores al mezclar nuestros
tipos criollos en la dorada leyenda de navidad; ellos han demostrado en sus
lacras, en sus vicios, en su retraso intelectual, hay que llevarlo de la mano y
juntarlo con piedad a otros seres humanos; dejarlo de exhibir como mono de
circo, para presentarlo como hombre de las selvas y de los pueblos americanos.
Pero
nos desviamos del objeto principal de estos apuntes. Queremos hacer constar
nuestro regocijo porque la obra de Asturias y Castañeda haya encontrado tan
feliz acogida entre el público guatemalteco. Nuestro júbilo al pensar que no
está distante el día en que se dé a los niños de nuestra tierra espectáculos
verdaderamente bellos e infantiles, saliendo de la estrechez de las bambalinas
de cartón, al teatro al aire libre, o por lo menos, al teatro especial para
infantes, con música tierna y bella, con escenarios tan lindos como los que ha
hecho Rafael Yela Günther para esta pastorela y con versos que hablen sin rubor
de los frutos guatemaltecos, de las cosas nuestras tan cruelmente olvidadas
hasta hoy por nuestros comediógrafos.
Nuestro aplauso se extiende también a las nenas que interpretaron admirablemente los personajes de la pastorela y cuyos nombres anotamos a continuación:
Margarita Stadeler
Lucy Whitbeck
Lucita Dorión
Hellen Rosenberg
Norma Lara
René Dorión
Isabelita Aguirre
Sonnia Ibargüen
Margarita Matheu
Y un grupo de chiquitinas, que como dijera El
Imparcial, eran verdaderos ángeles llenas de gracia y de belleza.
Fuente: ©Biblioteca AGLIJ, 2026.





