miércoles, 12 de agosto de 2009

La Moda y la Literatura en 1914

Señoras en un salón de té. Grabado de 1877.

Pensadores ilustres y justamente afamados, no pocos, aunque en forma y aspectos diversos, han afirmado que las dos capitales energías que impulsan son el amor y el odio. Nada más cierto en mi humilde opinión; pero sino pudiera considerarse como paradoja y como atrevimiento de mi parte, añadiría que mayor fuerza es la de la Moda, puesto que con su omnímodo poder y su insaciable y a veces hasta tiránica iniciativa, hace que en unas épocas esté de moda el amor; es decir, el optimismo, y en otras el odio, o lo que es identico, el pesimismo.
Me inspira la anterior observación lo que actualmente ocurre en la esfera del arte, bajo todas sus formas y particularmente en la literatura. Sin ahondar en este tema, que se presta a numerosos e intensos comentarios, como fácil es demostrar la influencia de la Moda en la Literatura, y como ésta es la expresión de las ideas y los sentimientos que dominan en cada época y como también ideas y sentimientos evidencian el apogeo o la decadencia del pesimismo y el optimismo, no es caprichoso el concepto que he indicado en el primer párrafo de este somero estudio. El espíritu humano, en constante estado de evolución, varía de fondo cada siglo; pero de forma cada quince o veinte años. hay ciertamente obras literarias que como las célebres gigantescas montañas, marcan los límites del pensamiento humano y la altura a que puede llegar; éstas son muy escasas, apenas puede contarse con una docena a través de los siglos y de la civilización. Pero no es mi propósito recordar estas maravillas que ha creado el genio y la admiración universal ha eternizado. Mi labor es más modesta: se reduce a consignar que la literatura cambia su aspecto, si no con la frecuencia de que trajes los personajes de la comedia de la vida, por lo menos con cada nueva generación de las que van sucediéndose en el mundo. Hagamos caso omiso del romanticismo y del naturalismo que hicieron brillantes campañas, despertaron ideas, desarrollaron sentimientos y crearon usos y costumbres.
Aquellas grandes tendencias han dejado raíces; pero las plantas y las flores que han brotado en los útlimos tiempos se han transformado por completo. ¡Cuántos libros que fueron encanto de nuestros abuelos y hasta de nuestros padres se caen hoy de las manos de los hijos y de los nietos! A los estudios psicológicos que interesaban en las novelas y fascinaban en el teatro, sucedieron los pseudo-científicos; los simbólicos, los arqueológicos; vinieron despu´s los policíacos que todavía tienen público, según suele decirse. Como consultan demás y galanes en los periódicos de Modas los figurines para elegir sus trajes y accesorios, buscaban unas y otros en novelas, comedias, poesías y demás géneros literarios los modelos que mejor les parecían para vestir y exteriorizar sus almas. ¿Cuál es la moda literaria actual? Los literarios parisíenses que son, como deben ser, de su tiempo; es decir, que buscan la notoriedad y con ella la utilidad pecuniaria que toda labor merece, imitando a los pintores y a los escultores, han fundado una Asociación a la que llaman "Salón de Otoño", y así como los artistas exhiben sus cuadros, acuarelas, estatuas o dibujos, ellos dan conferencias sobre los progresos o los retrocesos de la literatura, sobre los nuevos derroteros que emprende tanto en Francia como en los demás países y no les falta público que acuda a oír sus opiniones expresadas con elocuencia, con gracejo, con ironía, porque oír hablar bien deleita e interesa. Pues bien, en Francia, como en Italia, como en Alemania, como en Inglaterra, como en España, como en todas partes, la literatura se encuentra en un periodo de indecisión, de crisis; se compran los libros de historia, de ciencia, los que pueden inspirar ideas útiles, negocios lucrativos; pero los de imaginación, los de sentimiento han pasado de moda, apenas se leen, los compradores son escasos y el orador que ha inaugurado recientemente el Salón literario de Otoño en París, consignando una lamentable situación de la literatura contemporánea, juzga que en la actual época pueden tener lectores los literatos que se entregan a la fantasía o los que describen los usos y costumbres que constituyen el modo de ser de la actual dominante generación. El simbolismo, el decadentismo han caído en el olvido y bien podría decirse que en la literatura, como en la política, como en los negocios, como en el trato social, la moda es el oportunismo utilitario. Otro día completaré este estudio, porque acerca de él queda aún bastante por decir.
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Mario Lara. En: Ciudad de Guatemala, Diario de Centro América, 22 de junio de 1914. p. 4.

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