jueves, 6 de agosto de 2009

III. En torno a las prácticas de la lectura en 1914

Para los maestros: Las lecturas que agradan


La vía experimental ha sido hasta ahora poco empleada para descubrir qué lecturas agradan a los niños. Este medio es extenso y delicado. Observar el juego de las fisonomías durante una lectura en clase, es un procedimiento relativamente fácil; pero hacen para ello falta observadores expertos y exentos de ideas preconcebidas. Hásele utilizado en una escuela parisiense para los niños de curso elemental. Trozos escogidos de un libro escolar eran leídos por el maestro, a razón e dos por sesión, sin comentario ni explicación. Era ésta, pues, una lectura a primera vista, tal como el niño la hace cuando tiene el libro en sus manos. Se echó mano de todos los géneros: exposiciones sobre los deberes de los niños, escena de familia, historietas morales, relatos divertidos o trágicos, salidas oportunas y dichos graciosos de los animales y de los hombres, poesías. Digamos de una vez que de estas últimas, inclusas las de Ratisbonne y de La Fontaine, fue aquello una hornada completa. Terminada la lectura, los alumnos parecían esperar que por fin se decidiesen a leerles algo escrito en su propia lengua. Indiferencia por las descripciones, apenas algunos “movimientos diversos” en las escenas de la vida de familia. Los dichos ingeniosos los dejaban preocupados, como si fueran acertijos. Solo los relatos de actos y las farsas en que se agitan gentes y animales, hacían chispear los ojos y desatarse las lenguas sobre todo si “aquello concluye bien”, si el engañador es engañado, el vicio castigado, la virtud recompensada.

El procedimiento que consiste en preguntar a los mismos niños lo que prefieren es más delicado todavía. Lo difícil es hacer bien la pregunta. Una de las escasas pruebas de ese género fue hecha en Moscou. Promueve ella no pocas objeciones, de las que hablaré para demostrar precisamente el peligro, ya indicado por Bidet, de los cuestionarios para niños. Sometiese la prueba a 1,600 alumnos. He aquí la primera pregunta: “¿Qué prefeís leer: narraciones, poesías o fábulas? Vese en seguida que la pregunta hubiera ganado en precisión si se hubiera dicho: ¿Qué preferís? ¿tal lectura o tal otra?” indicando el título de la narración o de la fábula. Cada alumno era interrogado aisladamente, para evitar toda sugestión. ¿Es posible esto, en 1,600 interrogatorios? Otra pregunta: ¿Qué especie de narraciones preferís, narraciones verdaderas o fantásticas? Para niños de corta edad, la realidad y el ensueño se sobreponen con tanta frecuencia que han debido verse perplejos, a menos que hayan elegido las narraciones verdaderas para no verse tachados de tontos.

He aquí las conclusiones de la investigación, las que hay que aceptar con todas las reservas: Los niños de 9 á 13 años se interesaron en las narraciones largas y completas concernientes a los hombres; se interesan muy poco en las poesías y en las descripciones de la naturaleza, menos aún en las fábulas; conceden mayor valor a la pintura de lo verdadero y no gustan de los relatos fantásticos.

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En: L´Ecole Nouvelle. Ciudad de Guatemala, Diario de Centro América, 2 de mayo de 1914. p. 13.

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