jueves, 26 de marzo de 2009

La Carta

***Cualquier parecido con nuestra realidad, es... pura coincidencia, ¡creánlo!

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ESCENARIO: Una habitación muy pobre, cama, mesa y sillas de confección rústica. Casa o rancho campestre.

En escena aparecen Tona y Chabela conversando:

TONA: Pues sí, Chabelita, qué milagrote que andés por aquí, porque vos ya no sabés visitar a los pobres.
CHABELA: Pero no ve que con tanto quehacer y el cuidado de los muchachitos ya no me queda tiempo para nada, ahora no me agradezca la visita porque vengo a pedirle un favor.
TONA: Ya sabés que en lo que se pueda, con mucho gusto. ¿Qué te está pasando? ¿Otra vez tenés enferma a la muchachita?
CHABELA: No, gracias a Dios y a usted, con el remedio que me dio, la dejaron en paz las lombrices. Y el Chepito también se curó de la tos. Dios se lo pague. Ahora es otra mi pena, es que yo no descanso, tata Dios me manda muchas penas, ésta me tiene muy afligida.
TONA: ¿le pasó algo a tu marido?
CHABELA: No, él está bueno, anda por la costa desde la semana pasada, ayer vino de allá mi compadre Juan y me trajo razón de que está bien y trabajando a ver si gana unos centavitos.
TONA: Vaya, entonces ¿qué tenés?
CHABELA: Es que hoy temprano llegó un hombre con una carta que me manda el Alcalde, y a saber qué será.
TONA: ¿Una carta del Alcalde, decís?
CHABELA: Sí, aquí la traigo, mire.
TONA: ¡Virgen santa!, pues eso sí que de verdad está muy malo.
CHABELA: Verdad, de seguro que no es para nada bueno. Tengo pena.
TONA: Ya lo creo, tenés razón.
GOYO: (Entra muy asustado). Señora Tona, señora Tona…
TONA: No grités, patojo. ¿Qué querés? Malcriadote, estás viendo que tengo visita y vos tan imprudente.
GOYO: Es que… es que allí viene un hombre.
TONA: Pues que le vaya bien porque de seguro que para acá no viene.
GOYO: Voy a ver. (Se va).
TONA: Patojo novelero, escandaloso, el susto que me dio.
CHABELA: A mi también, yo que estoy esperando lo peor.
TONA: No, no hay qué pensar en nada malo, cuando uno tiene la conciencia limpia nada le puede pasar.
CHABELA: Ay, pero es que la carta, esa ingrata carta.
GOYO: Señora Tona, allí está, allí está.
TONA: Pero qué patojo más molestoso, salí de aquí.
GOYO: Pero si allí está, ¿qué quiere que haga yo…?
CHABELA: No nos asustés, Goyo, por amor de Dios.
GOYO: Pero si allí está el hombre, mi palabra, dice que trae una carta para la señora Tona.
TONA: (Muy asustada). ¡Válgame Dios, eso sí que no lo creo, salí de aquí. A mi nunca me han mandado cartas!
GOYO: Entonces ¿qué le digo?
CHABELA: No se asuste, voy a ver yo. (Se va).
TONA: (Se persigna). ¡Dios sea con nosotros!, ya me llegó la desgracia.
CHABELA: (Llega con una carta). Ya se fue, dejó la carta, mire. Era cierto, decía bien el Goyo, es del Alcalde, igualita a la que me llevaron a mí.
TONA: Ya me llevó el diablo, estoy temblando, traeme un poquito de agua, Goyo. (Llora). A la cárcel, nos vamos a la cárcel las dos. Traenos agua, Goyo.
GOYO: Muy bien. (Se va).
CHABELA: No llore, primero Dios que salimos luego de esta pena.
TONA: ¿Quién me iba a decir que ya vieja iba a conocer la cárcel?
CHABELA: Lo que menos me esperaba, pero presas ¿y por qué? ¿No me acaba de decir usted que si tenemos limpia la conciencia nada debemos temer?
TONA: Si m´hijita, pero también es cierto que la gente es muy mala y no estamos libres de una calumnia.
CHABELA: Lo que yo más siento son mis pobres muchachitos que no tengo con quién dejarlos, ¿quién me los va a ver mientras esté presa?
TONA: Y yo voy a perder mis gallinas y mis siembras.
GOYO: (Llega con dos tacitas y dice:) cocí un poquito de hojas de naranja para que les pase el sustos.
TONA: Dios te lo pague, este muchachito vale oro. (Toman las dos).
CHABELA: ¿Quién sería el ingrato que nos calumnió?
TONA: Yo digo, que se me figura que tal vez fue la Chencha, como es tan envidiosa y vio que compré una vaca, me quiso hacer el mal.
CHABELA: Tal vez; pero ¿a mí quién? Sólo que sea la Jacinta que fue novia de mi marido.
TONA: Ah, tenelo por seguro, ella fue, porque como no se ha casado, le debe arder.
CHABELA: Pero eso sí que es un injusticia porque cuando yo conocí a Chepe hacía tiempo que ellos no se hablaban.
TONA: ¿No será la Marcelina, de cólera que no la convidaste para el bautizo de la muchachita? (Lloran las dos).
GOYO: ¿Y qué pues, qué les pasó?
TONA: ¿No ves que a las dos nos mandó carta el Alcalde?
GOYO: Ah, pero eso no es para que lloren, si no saben qué dicen las cartas.
TONA: Y para qué nos iba a escribir a nosotras el Alcalde, de seguro que para nada bueno.
GOYO: A saber, pero hasta que no sepan, no lloren.
CHABELA: ¿Y no ves que las dos cartas son iguales, del mismo tamaño y todo?
TONA: Es seguro que nos van a meter presas, no hay más remedio que conformarnos. Y pedirle a Dios.
GOYO: No lloren y busquen quién les lea las cartas.
TONA: Vos callate, andá a encenderle una candelita a San Antonio, para que salgamos luego de la cárcel.
GOYO: Muy bien. (Se va).
CHABELA: Cuando uno menos lo piensa le llega la mala.
TONA: Pues sí, y yo que quería que fuéramos a Esquipulas este año.
CHABELA: Ay, ni me lo diga porque más tristeza me da.
GOYO: (Llega corriendo). Allí viene, allí…
TONA: Otra vez vos, nos vas a matar a sustos. Salí de aquí.
CHABELA: ¿Viene el hombre otra vez?
GOYO: No, es… es…
TONA: Debe ser la policía que ya viene a llevarnos.
CHABELA: ¿Por qué no vamos a buscar quién nos lea las cartas?
TONA: Pero ¿dónde? Y si es el policía, ya no podemos hacer nada.
CHABELA: Vamos a la botica, el boticario sabe leer.
TONA: Mejor con el licenciado Ramos, aunque nos cobre, pero nos dice la verdad.
CHABELA: Pero él nos va a cobrar…
TONA: Sí, le pagamos con una fanega de maíz o con un cochito.
GOYO: Aquí está, aquí está ya…
TONA: Sosegate vos, patojo, o te voy a pegar.
GOYO: Pero si allí está.
CHABELA: (Llorando). De esta sí que me voy a morir, y mis pobre hijitos…
TONA: (Llorando). De esta sí que me voy a echar honradamente para parar en esto.
GOYO: Oigan, están tocando la puerta. ¿Abro?
TONA: No, no, esperate.
CHABELA: Voy a ver yo. (Se va).
TONA: Tené cuidado.
GOYO: Si es él.
TONA: Callate, no me asustes.
GOYO: Si no me deja decirle quién es, mejor me voy.
TONA: No, no me dejés sola que me puede pasar algo, me puedo morir.
GOYO: ¿Le traigo más agüita de naranja?
TONA: Sí, haceme el favor. (Se va Goyo). Pobrecito el patojo, es muy bueno, pero es que esta pena me tiene como loca, san Antonio del Monte, yo te pido que nos ayudes, y si me sacas luego de la cárcel te rezo una novena. Hacelo por los pobres muchachitos de la Chabela… No me atrevo a ir a buscarla porque estoy con las piernas aguadas y la cabeza me da vueltas.
GOYO: (Llega con la taza de agua). Tome niña Tona, tome un poquito y mejor se acuesta un ratito.
TONA: Si, decís bien, pero ayudame a pararme porque no puedo.
CHABELA: (Entrando). Mire señora Tona, mire quien está aquí.
TONA: Bienvenido sea don Pedro, ¿qué tal está?
PEDRO: Por aquí pasándola, usted como que está algo malita.
TONA: Es que tuve un disgusto muy grande, que siento que me muero.
PEDRO: ¡Ni quiera Dios! ¿Y qué le pasó? ¿No puedo ayudarla?
CHABELA: Dios lo trajo porque estamos muy atormentadas y muy solas.
TONA: Tal vez sí nos puede ayudar.
PEDRO: con mucho gusto, nomás dígame qué puedo hacer.
TONA: Que le cuente la Chabela porque yo no puedo ni hablar.
CHABELA: Es que nos van a meter presas. Ya se puede figurar cómo estamos. Yo tengo que mandar a llamar a mi marido que anda por la costa.
PEDRO: Pero eso no puede ser, ¿qué hicieron, qué delito tienen?
TONA: Ninguno, es que caímos en alguna trampa y eso es todo.
PEDRO: Pero si no es nomás de que lo metan a uno preso, debe haber algún porqué. Explíquenme. (Las dos lloran). No lloren y díganme cómo es la cosa.
CHABELA: Es que nos calumniaron las gentes envidiosas, y ahora no hay remedio sino que nos vamos presas.
TONA: ¿Nos hace favor de ir a vernos a la cárcel? Yo creo que los domingos son días de visita. Se lo vamos a agradecer.
CHABELA: Yo le encargo a mis muchachitos y a mi marido. Y ahora que me acuerdo, mejor me voy para mi casa, porque el compadre me dijo que mañana temprano se va otra vez a la costa y voy a aprovechar para mandarle razón a mi marido y que se venga luego. A ver qué puede hacer por mí.
PEDRO: ¿Tan grave es el asunto?
TONA: Muy grave, sí, ya ve.
CHABELA: Bueno, ya me voy, cuídese señora Tona y tenga paciencia.
TONA: No quisiera que te fueras.
CHABELA: Voy a dejar arreglada la casa, ojalá que nos lleven juntas.
TONA: Ojalá, Dios lo haga, así es un consuelo.
PEDRO: Pero ustedes deben saber por qué se las van a llevar.
LAS DOS: Sí, naturalmente, sí sabemos.
PEDRO: ¿Y por qué no me dicen?
CHABELA: Lo que sabemos es que el Alcalde nos mandó una carta a cada una, igualitas las dos.
PEDRO: ¿Las dos dicen lo mismo?
CHABELA: No, pero tal vez sí, porque son iguales, del mismo tamaño y todo.
PEDRO: ¿Y ya fueron a hablar con el Alcalde?
TONA: No, nosotras estamos esperando.
CHABELA: Qué vamos a ir, qué esperanzas, yo tengo un año de no ir al pueblo. Pero la carta… esa ingrata carta que nos mandó…
TONA: Pues sí, esa carta, ésa es la causante.
PEDRO: ¿Qué carta?
TONA: La del Alcalde, ¿y no le estamos diciendo?
CHABELA: Entonces no nos ha entendido.
PEDRO: ¿Cómo voy a entender si no sé qué dice la carta?
CHABELA: Lo que yo digo es que también el Alcalde es un ingrato porque cómo se deja llevar de chismes.
TONA: Así es la vida. ¡Qué se va a hacer!
PEDRO: Ave María purísima, qué lío.
GOYO: Mire don Perucho, yo le voy a contar. Ellas, como no saben leer, sólo se figuran lo que dice la carta y por eso están tan apenadas.
TONA: Eso decís vos porque no entendés de estas cosas.
PEDRO: Pues yo creo que tiene razón el patojo. Será mejor que lea yo las cartas. A ver, ¿dónde están?
GOYO: Aquí están. (Le da las cartas).
PEDRO: A ver, veamos cuál es la sentencia.
TONA: No la vuelva juguete, que para nosotras es muy serio.
CHABELA: Ay, a mí hasta frío me da.
GOYO: Cállense y deje que lea don Perucho.
TONA: Vos callate, patojo malcriadote, vos no sabés de estas cosas, esto no es cuestión de patojos, es muy serio.
PEDRO: Sí, por favor hagan silencio que voy a leer. (Leyendo). “El Alcalde Municipal de Villa Florida, tiene el gusto de invitar a usted para el acto de inauguración de la escuela, que se verificará el día… por la mañana.
Por su asistencia quedo muy agradecido,
Clemente Alegría,
Alcalde Municipal”.
PEDRO: Eso es todo, señoras.
TONA: ¿Nada más?
CHABELA: ¿Sólo eso dicen las dos cartas?
PEDRO: ¿No están contentas?
TONA: ¿Contentas, por qué?
PEDRO: A lo mejor se sienten tristes porque ya no van a ir presas.
CHABELA: No, Dios guarde, pero…
TONA: Entonces ya no mandés a llamar a tu marido.
PEDRO: Ya no. Ahora lo que deben hacer es preparar sus vestidos y sus zapatos nuevos para ir el domingo a la fiesta que va a estar muy alegre.
GOYO: ¿Yo también puedo ir?
PEDRO: Naturalmente, todos allá nos veremos. Pobrecito el Alcalde, por ser atento con ustedes, ya me figuro la maltratada que le dieron.
TONA: No, maltratada no, pero sí nos daba cólera la injusticia.
PEDRO: Lo mejor será que vayan a la escuela a estudiar.
GOYO: Yo sí que voy a ir, para que no me vaya a pasar todo esto que pasó aquí, sólo por no saber leer. Es mejor aprender.
TONA: Vos sí, porque estás patojo, pero yo, ¿qué planta haría en la escuela estudiando ya tan vieja?
PEDRO: Para aprender nadie es viejo, siempre es tiempo. Vayan, vayan a aprender a leer.
TONA: Usted lo dice por molestar.
CHABELA: Siempre le gusta hacer chistes a don Perucho.
PEDRO: No, no es chiste, es cierto, ¿no ven que el señor Chico va a ir?
TONA: ¿El Señor Chico?, ¿de veras? Entonces sí voy yo.
GOYO: Ajá, por verse con el señor Chico sí va.
TONA: Callate malcriadote, yo digo, porque como el señor Chico es más viejito que yo.
CHABELA: Sí, señora Tona, vamos y qué alegre cuando sepamos leer. ¿Se aprenderá luego?
GOYO: Claro que sí, yo voy a aprender volando, ya van a ver.
TONA: ¿Cuál vestido te vas a poner para la fiesta, Chabela?
CHABELA: Yo digo que el color de rosa.
TONA: Sí, ese está bonito. Y yo el morado lila.
CHABELA: Y se pone sus zapatos nuevos aunque le duelan los pies.
TONA: Sí, naturalmente y mi rebozo blanco.
CHABELA: Alegres vamos a estar.
GOYO: ¿Les llevo un poquito de agua de naranja?
TONA: Seguí molestando vos, y vas a ver.
GOYO: ¿Apago la candelita de San Antonio, señora Tona?
TONA: No, dejala, él nos ayudó, nos trajo al señor Perucho.
GOYO. Y las cartas ¿qué se hicieron?
TONA: Buscalas, buscalas que nos van a servir para que vean que el Alcalde nos escribe.
CHABELA: Me voy, ya es tarde y mis hijitos están solos.
TONA: Corré, y venís mañana. Nos vamos juntas a la fiesta.
GOYO: Si pues, así como se querían ir juntas a la prisión.
TONA: Te voy a dar tu buena por malcriadote. (Se despide de Chabela y ya en la puerta le dice:) tempranito venís. Traete a los muchachitos para que no tengas pena.
T E L Ó N
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Obra escrita por Marilena López, escritora y dramaturga de literatura infanto-juvenil guatemalteca.


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