viernes, 11 de enero de 2008

Han de estar y estarán…, de Frieda Liliana Morales Barco

Por Gloria Hernández[1]

Crecí en la época de los ideales apasionados, las causas nobles y la fe en la utopía. Crecí con un libro entre las manos. Divagando entre los prados de Alberti, conmoviéndome con las imágenes de Acuña, persiguiendo a las abejas de García Lorca y jugando naipes con los personajes de Carroll. Es decir, que nací y crecí bajo el signo de la lectura. Alternando realidad y fantasía. Acaso, aprendiendo a poner los pies sobre la tierra por medio de los mundos ficcionales que otros habían inventado para aquella niña que fui. Casi, como hiciera Sancho durante su gobierno de la ínsula Barataria. Y recuerdo a Barataria a menudo como una de las ironías más sutiles de Don Quijote de la Mancha. Porque el nombre suena a insignificancia y a ganga. A algo de poca importancia. Y sin embargo, resulta el lugar donde ocurre el episodio tragicómico más importante, a mi juicio, de la famosa novela de Cervantes: el encuentro entre realidad y fantasía. Sancho Panza se toma tan en serio el nuevo cargo, que resuelve con sabiduría inesperada los problemas que se le presentan como gobernador. Es más, casi logra convencer al lector de que su mundo era real. A la niña aquélla la convenció. De que había valores que importaban. Pero entonces, ¿dónde está la ironía? Barataria, así con su nombre devaluado, es el lugar privilegiado en donde vamos a encontrarnos, personajes y lectores, con el mundo real y con nosotros mismos. Si explotamos un poco más aún la metáfora de Barataria, tendremos que ilustra, asimismo, el acto de leer. A través de los libros y de su lectura, penetramos espacios de ficción que, al plantearnos situaciones hipotéticas, nos ayudan a encontrar tantas respuestas como hayamos lectores. Si nos circunscribimos al contexto nacional, cuya principal riqueza es su gente, —su gente joven, además— la importancia de espacios como Barataria deviene de primer orden. Es decir que, en Guatemala, implantar el germen de la imaginación en nuestros niños y jóvenes resulta esencial para nuestro futuro como país. Y una de las maneras más sencillas de hacerlo no es otra que fomentar el gusto por la lectura. Únicamente los niños con imaginación pueden convertirse en adultos creativos. La imaginación los posibilita para no ser niños obsoletos como son muchos adultos hoy en día. Ocasionalmente, nos sorprende alguna persona por su alegría de vivir, por sus soluciones inusitadas y su capacidad de la reflexión. Con bastante seguridad, me atrevería a decir que esa persona es una buena lectora, un apasionado lector. Pero, vayamos a un círculo más dentro. Ése de las personas creativas, buenas lectoras y, lamentablemente, escasas en nuestro medio. Allí vamos a encontrar a una mujer que combina la inteligencia para comprender todo lo anterior y la sensibilidad para hacer algo al respecto. Alguien que combina sus capacidades de niña con su determinación de trabajo de persona adulta. Una investigadora seria cuyo trabajo presento con mucho orgullo y admiración esta noche. Han de estar y estarán, literatura infantil de Guatemala es, como la autora apunta, una propuesta para una sociedad multicultural. A decir de la doctora Vera de Aguiar, Profesora de Teoría de Literatura Infantil de la Pontifícia Universidade Católica de Rio Grande do Sul en Brasil, Frieda Morales “recuperó en bibliotecas, escuelas, centros culturales, acervos públicos y particulares, todos los materiales de lectura que, a lo largo de la Historia, transitaron en la sociedad, teniendo en vista al niño en cuanto sujeto lector.” Seguidamente, interpretó sistemáticamente este material por medio de herramientas modernas de la crítica literaria y la pedagogía. Luego, argumentó acerca de la formación de la literatura infantil en Guatemala con base en el análisis de sus diferentes momentos históricos. Y por último, plasmó en un trabajo trascendental para nuestra sociedad muchos de sus hallazgos y su intuición acerca del tema de la Literatura para niños en Guatemala.

Que una tesis se convierta en un libro no es novedad. No obstante, en el caso de la obra de la doctora Morales, el hecho es determinante para la sociedad que inspira y genera la obra. En primer lugar, porque hace un exhaustivo recuento histórico-político de un género visto de menos o mal planteado en el país. Y, en segundo término, porque plantea la posibilidad de encontrar las soluciones a los problemas nacionales de educación en los anales mismos de nuestro pasado.

La investigación que finalmente llega a nuestras manos como Han de estar y estarán se estructura por medio de tres grandes capítulos. El primero, dedicado a explorar en la historia de la expansión española y la consecuente reorganización política americana las bases ideológicas del pensamiento del nuevo mundo y, más específicamente, del de Guatemala. El segundo capítulo delimita el problema de la materia y forma de la literatura infantil de Guatemala: su formación, primeros libros y las obras creadas durante la llamada primavera democrática. El tercer capítulo confronta las raíces del reto que representa la fórmula escuela/literatura infantil. Además, analiza el lenguaje y los recursos literarios de la poesía y el teatro infantiles. Consigna y discute, también, las cinco novelas para un público infanto-juvenil escritas en el país. Explora, para finalizar el capítulo, el enlace con los textos de la literatura oral del país y su tradición popular. Es en este capítulo particular donde se encuentra una de las propuestas más agudas y mejor argumentadas de esta investigación. Aquella encaminada al juicio de las condiciones en las cuales emergió la literatura infantil de Guatemala. Ese espacio en el cual, a decir de la investigadora, “deberán caber la literatura, la infancia y la lectura”. Ese no lugar que comparte atributos de la Barataria a la cual nos referíamos al principio. Como decíamos, una profunda interpretación de la literatura para niños y sus diferentes concepciones en nuestro medio. Desde el pensamiento de Daniel Armas que, de acuerdo con la Dra. Morales, “sentó las bases teóricas de la literatura para niños en Guatemala”, hasta nuestros días; haciendo un recorrido extenso por diferentes propuestas desde puntos de vista antropológicos, sociales y psicobiológicos.

Cierra este estudio, la propuesta sustancial de ideas y soluciones novedosas y, particularmente, viables, encaminadas a apoyar el proceso identitario guatemalteco. Citando las palabras de la autora “seguir el rastro de las fuentes de la literatura infantil de Guatemala no sólo es necesario para conocer la historia de la misma, sino también para saber quiénes somos y para dónde vamos. Por otro lado, este desvelamiento debe provocarnos para que podamos ver de frente a ese otro que también hace parte de nuestra Historia para generar una cultura colectiva que conduzca a crear una literatura infantil guatemalteca multi(inter)pluri)cultural”.

La seriedad de este trabajo y la evidente aplicación de herramientas teóricas adoptadas de la sociocrítica, la literatura comparada, la hermenéutica y la estética de la recepción dan cuenta de la profundidad analítica del mismo. Especialmente, confronta al lector de esta obra con aquella noción equivocada de que la literatura para niños es un riesgo perjudicial y peligroso. Lo reta a explorar los límites de un género serio e indispensable en la formación de personas capaces de conservar un niño o una niña en su esencia. Lo lleva a pensar, también, en el tortuoso camino entre un niño y un buen libro, interrumpido muchas veces, hasta por problemas burocráticos.

El problema de la literatura para niños en Guatemala, entonces, no necesita textos eruditos, cargados de palabrería y oscuridades filosóficas. El problema de llevar a nuestros niños y jóvenes a sitios semejantes a la Barataria de Cervantes es suyo y mío. Y la toma de conciencia de este reto puede empezar con la lectura de Han de estar y estarán. Una obra que llena un vacío en nuestro medio. Una propuesta especializada con planteamientos y soluciones a la medida de nuestro gran desafío: enseñar a nuestros niños a recorrer mundos de imaginación para alcanzar, finalmente, un mundo de seres humanos integrales.

Nueva Guatemala de la Asunción, 1 de octubre de 2004


[1] Guatemalteca. Estudió traducción y Literatura Inglesa en Inglaterra (1979). Traductora Jurada (1993). Licenciada en Letras por la Universidad de San Carlos de Guatemala (1994). Obtuvo el grado de Maestría en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Rafael Landívar (2002). Ha publicado cuatro libros de Idioma Español y Literatura para niños (Editorial Norma) y un libro de cuentos Sin señal de perdón (Letra Negra, 2002). Ha publicado ensayo, crítica y cuentos en diversos periódicos y revistas centroamericanos. Sus cuentos se han publicado en los libros Desde la casa del cuento (1997) y la antología Mujeres que cuentan (2001). Ha dirigido talleres de creación en Guatemala, El Salvador, Honduras y Estados Unidos. Miembro del consejo editorial de la Revista La Ermita.

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