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Fuente: Biblioteca AGLIJ, 2024.
Elogio a las moscas
Por Frieda Liliana Morales Barco
Doctora en Letras e investigadora de Literatura Infantil y Juvenil
Las moscas están en todas partes, como lo están las
palabras.
Las moscas son inoportunas,
impertinentes, metiches, entremetidas, como lo son algunas palabras.
Las moscas aparecen cuando uno
menos se lo espera, como ciertas palabras que vienen a la mente de repente.
El vuelo ruidoso y acrobático de
las moscas interrumpe el silencio absoluto con su muzz-muzz, un sonido producido por el
rapidísimo movimiento de sus alas. Ese ruido crispa los nervios, irrita,
enerva, perturba, fastidia…, como las palabras que salen de la boca de algunas
personas que hablan sin cesar. ¿Sabían que esa onomatopeya, es de donde deriva
su nombre? “Mosca” del latín “musca”.
Las moscas son resistentes y se
adaptan fácilmente a cualquier ambiente. Con sus antenas perciben olores y
detectan la dirección del viento. Además, tienen dos pares de ojos y sensores en sus
alas. ¡Toda una máquina! Danzan con gran libertad en el espacio vacío.
En este libro El vuelo de Luci (cuaderno de tareas), Gerardo Villanueva narra la
historia de Luci, una niña que trata de hacer su tarea escolar, pero que no
puede concentrarse porque es interrumpida por el vuelo acrobático de una mosca
del tipo Lucilia Sericata o moscarda,
moscardona, o mosca verde botella o la come carne y, a la que bautiza como
“Lu”.
Sus historias se entrecruzan entre
los vuelos aerodinámicos y ruidosos de Lu y las palabras aladas de Luci. Cada
letra es para Luci como una mosca amaestrada. Pero a veces, se rebelan e
interrumpen y cortan el silencio de la página en blanco de su cuaderno de
tareas, donde, cada letra se siente acróbata, forma palabras; palabras que
componen versos; versos que impregnan la página.
Sus palabras aladas hacen juegos
tipográficos.
Sus versos imitan el vuelo de
Lu.
En la tarea de Luci, están
presentes las ilustraciones de Ixchel Estrada que definen a las moscas. La
biodinámica de su vuelo y de cómo su presencia, por medio de sus trazos,
también deja huellas para que no se olviden de ellas y recuerden que su
presencia se percibe hasta en los rincones menos esperados. Su pincel sigue las
aventuras de la mosca con la misma tenacidad y persistencia de las palabras de
Luci, quien no desiste de su tarea. Su cuaderno está lleno de puntitos negros
por doquier, de líneas rectas y curvas que denotan movimiento constante.
Esa persistencia la premia la
maestra de Luci al estamparle una estrella en su frente. La primera
estrella de su constelación personal, que guiará su pensamiento, así como la
constelación de “La mosca”, que brilla en el cielo nocturno austral, al norte de
la Cruz del Sur guía a los navegantes.
Pero, ¡por si las moscas!,
cada quien que vuele a su modo, pues todo es un movimiento perpetuo, como diría
Augusto Monterroso. Una lección y un elogio a la vida.
El vuelo de Luci (cuaderno de tareas) de Gerardo Villanueva, es un libro que se hizo acreedor del Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños, 2012, otorgado por la Fundación para las Letras Mexicanas.
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A propósito de las moscas, el poeta guatemalteco, Luis Cardoza y Aragón, escribió:
Pregunta:
¿La educación por el Estado no es una
calamidad?
J. Krishnamurti: Es obvio que
la educación por el Estado es una calamidad. Con esto no estarán de acuerdo los
gobiernos. Ellos no quieren que la gente piense; quieren que todos sean
autómatas, porque entonces puede decírseles lo que han de hacer. De suerte que
nuestra educación, sobre todo en manos de los gobiernos, se vuelve de más en
más un medio enseñar qué ha de pensar y no como pensar; porque si fuerais a
pensar independientemente del sistema, serías un peligro. Es función de
gobierno, por lo tanto, no el hacer que penséis sino que aceptéis lo que se os
dice. Así, pues, como lo veis a través del mundo, todo gobierno interviene en
la educación. La educación y el alimento han llegado a ser los medios de
dominar al hombre. ¿Y qué les interesa a los gobiernos –sean de izquierda o de
derecha- fuera de que seáis perfectas máquinas para producir mercaderías y
balas?
La
verdadera educación es evidentemente un peligro para el gobierno. Es, pues,
función de gobierno la de hacer que no se imparta verdadera educación.
Hay
en Inglaterra unos 80,000 pacifistas. Si su número aumenta ¿no son un peligro
para el gobierno? Por eso se controla a la gente desde la infancia. No hay que
dejarlos pensar en términos de “no guerra”, “no patria”, “no sistemas”, ni de
una ideología diferente. Esto significa supervisión gubernamental por el
ministro del ramo. Señores, esto es lo que sucede en el mundo, os guste o no; y
ello significa que vosotros que sois los ciudadanos y tenéis la responsabilidad
del gobierno, no deseáis la libertad. No queréis un nuevo estado de existencia,
una nueva cultura, una nueva estructura de la sociedad. Si tenéis algo nuevo,
puede que sea revolucionario, destructor de lo existente; y como queréis las
cosas tales como están, decís: “Bueno, que haya un gobierno que controlo la
educación”. Deseáis una pequeña modificación allí y allá, pero no una
revolución en el pensamiento; y no bien deseáis una revolución en el
pensamiento, el gobierno interviene, os pone presos u os liquida rápidamente
entre bastidores, y caéis en el olvido.
Señores,
un país se vuelve de más en más organizado, y en él hay creciente autoridad y
coacción externa, cuando el hombre mismo carece de visión interior, luz propia,
de entendimiento. Conviértete entonces en mero instrumento de las autoridades,
ya sea en un Estado totalitario o en la llamada “democracia”. Porque, en
momentos de crisis, los llamados “Estados democráticos”, llegan a ser como los
totalitarios, olvidando su “democracia” y haciendo que los hombres se sometan a
una norma de acción.
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Entrevista
realizada el 13 de marzo de 1948, en Bombay, India, en el marco de la reunión
de la Confraternidad de la Nueva Educación. El contenido del libro publicado en
México en 1974, fue tomado del capítulo IX del libro “Un mundo nuevo”, edición
mexicana, 1953. Y, aún es una respuesta muy actual en 2023.
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Fuente: Biblioteca AGLIJ. Krishnamurti. Educando al educador. México: Orión, 1974.
Toda una vida dedicada a la niñez
El miércoles 30 de
junio de 1930, el periodista Adolfo Pérez Menéndez del Diario El Liberal
Progresista, entrevistó a la profesora María Peña Aguirre (1873- ¿?).
Ella fue una maestra
empírica de los 13 a los 23 años de edad. Tiempo que le sirvió de experiencia y
para prepararse para tomar el examen de admisión en el Instituto y Escuela Normal
de Señoritas de la Ciudad de Guatemala durante el tiempo del gobierno del
general Manuel Lisandro Barillas (1886-1892), siendo ministro de Educación
Pública, el profesor Antonio Batres Jáuregui.
Por la experiencia
como empírica que ya tenia, después de haber ganado el examen de admisión se le
confirió el título de Maestra de Educación Primaria.
La profesora Peña
Aguirre menciona que tuvo maestros, como Antonio Batres Jáuregui, Lucas T.
Cojulún, Francisco Vela, Manuel Valle, Manuel Carranza, Pedro de León,
Francisco Monterroso, entre otros.
Luego, laboró como
docente durante quince años en la escuela del Guarda Viejo, la cual en aquel
tiempo tenía el nombre de Escuela de La Paz, por estar en el cantón del mismo
nombre. También trabajó en el colegio La Esperanza. Pero, por quebrantos de
salud, tuvo que dejar la docencia y cuando se recuperó fundó el Colegio El
Hogar.
Durante su
entrevista también comentó que:
Tengo alrededor de 60 años de ejercer el magisterio y cuando no tengo niño y flores en mi casa, me entra una desesperación inconsolable. Toda la vida he sido sola y los escasos familiares que tengo, están muy lejos y no sostenemos correspondencia”.
[…] Esta tiendecita que ven ustedes es la que me da sostén y los centavitos que periódicamente me obsequian los padres de los alumnos que año con año tengo bajo mi dirección. Vivo modestamente –agrega–.
[…] El día que se me prohibiera impartir conocimientos, creo que me moriría de tristeza en este mundo. Los niños son mi consuelo y las flores mi embeleso.
Leer la vida
Cuando el ser humano vio por primera vez la marca de una huella mientras cazaba o en alguna parte de su diario caminar y se paró para observarla con detenimiento, con esta acción ya estaba leyendo. A continuación, para saber y explicar a quién le pertenecía, elaboró una historia; primero, con gestos y sonidos y, luego inventó palabras para nombrar las cosas. Aquí, ¡comenzó su aventura con el lenguaje!
Entonces, el hombre usó las palabras
para ordenar el caos en el cual estaba inmerso y para estimular su pensamiento.
Las palabras pasaron a cimentarse como huellas en su memoria. Huellas que se
engrosaban o no, con las inferencias y significados de nuevas palabras que
inventaba o conocía. Con esas palabras construyó historias personales y
colectivas. De esa forma, esta experiencia lingüística contribuyó a enriquecer
su conocimiento de lo que le rodeada. Además del afloramiento de su creatividad
por medio de la imaginación y la fantasía.
En el caso de la lectura de libros, que
están llenos de palabras e imágenes, cada vez que leemos uno nuevo, la historia
que allí se presenta nos muestra hechos pasados o futuros que tal vez conozcamos
o nunca hayamos visto, pero que sí podemos imaginarlos, podemos formarnos una
idea, una imagen de lo que se está contando. La lectura de cada libro es un
viaje de descubrimientos continuos que
dejan huellas que se encadenan con las
anteriores. Esto contribuye al
conocimiento del mundo que nos rodea y vamos formando un gusto y preferencias
de lectura. Cada libro que se cruza en nuestro su camino, se asemeja a aquella
primerísima huella. Esto lo traduce muy bien Unamuno en su poema “Leer”:
Leer, leer, leer, vivir la vida
que otros soñaron.
Leer, leer, el alma olvidada
las cosas que pasan.
Leer, leer, leer, ¿seré la
lectura
mañana también yo?
¿Seré mi creador, mi criatura,
seré lo que pasó?
Ese es
el caso del libro “Una niña hecha de
libros”, en el cual tanto el escritor Oliver Jeffers como el ilustrador Sam
Winston provocan al lector para que también experimente el poder de las
palabras. Jeffers lo hace dando una leve pista por medio del epígrafe escrito
por Manuel
Rubkeyser en el libro “The Speed of
Darkness (1968), que dice: “El universo está hecho de historias, no se
átomos”; y, el ilustrador lo hace a su modo, coloca sobre las
páginas una pluma, un tintero y una
hoja en blanco. Son como invitaciones para que el lector construya su propia historia de lectura, sumando a ello afectos,
emociones y placer intelectual.
Esta invitación también se extiende
hacia el lector, al que se le insinúan, como señuelos para su curiosidad,
algunos títulos desde la portada y las guardas del libro. Hay sugerencias para
todas las edades. Y, al final, como en un pase de magia, le regala una llave para satisfacer esa curiosidad y empezar
a accionar su imaginación y fantasía por medio de la lectura y construir su
propia historia tanto de lectura como de vida, porque como dice Jeffers:
Este es nuestro mundo
Y estamos hechos de historias.
Nuestra casa es un hogar,
¡Qué
comience, pues, tú aventura!
Tomado de: e-LaHora Gt, [https://lahora.gt/lh-suplementos-culturales/la-hora/2023/08/15/leer-la-vida/], publicado el 15 de agosto de 2023.