lunes, 27 de diciembre de 2010

¡Próspero 2011!!!

Un año más termina... un año difícil al cual hemos sobrevivido. Otro comienza, y trae consigo un costal lleno de esperanzas que ojalá nos dure bastante. Es un año de decisiones importantes, un año de elecciones... ¡Qué Dios nos ilumine!



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Los animales en las cortes

Rafael García Goyena

Dramatización de Manuel Galich

Personajes:

León

Gallo

Perro

Gato

Ratón

Relator: De muchos animales

quejas sin fin y largos memoriales

van al León, pidiéndole que forme

leyes nuevas y el código reforme.

El León entonces de justicia lleno,

a cortes los convoca en sitio ameno:

León: Pues bien, señores, en vista de cuántas cosas han expuesto en diferentes ocasiones, yo, el León, por la gracia de Dios, rey de la espesa selva y de la grey animal, he acordado reunir tres diputados por cada especie, para que expongan sus puntos de vista, en nombre de sus congéneres. Así nos felicitamos de ver reunido a lo más granado del reino: el Toro ardiente, el Jaco belicoso, el fiero Tigre, la Pantera, el Oso, la Liebre, el Ciervo, el Gamo, el Perdiguero, la Oveja, el Carnero, el Marrano, el Coyote y el Pollino. Quisiera escuchar la opinión de los presentes.

Gallo: Pido la palabra.

León: La tiene el representante Gallo.

Gallo: ¡Ejem! Señor rey de los animales, señores representantes de las otras especies, en nombre de las aves de corral y particularmente de las gallináceas, voy a permitirme exponer nuestro criterio al respecto. Nuestra especie, señores, aparte de otros grandes servicios, posee una virtud para el mundo: el celo, la constante vigilancia en defensa de los bienes del prójimo…

Perro: Pido la palabra.

Gallo: Estoy hablando yo.

Perro: Pido la palabra para el orden.

León: En ese caso, la tiene el representante Perro.

Perro: Señores: el representante Gallo se aparta del punto principal. No hemos venido aquí a hacer la apología de nuestras respectivas especies.

Gallo: Yo no he hecho ninguna apología.

León: Se previene al representante Gallo, que no debe interrumpir.

Gallo: Todo sea por amor de Dios. No volveré a decir “·Este pico es mío”, aunque lo sea… Dicen que en pico cerrado no entran moscas…

Perro: Bien hecho. Pues señores, como venía diciendo, el Perro posee lo que ni los hombres, con alardear de más perfectos, pueden contar entre sus mínimas virtudes. Me refiero a la lealtad. ¿Quién mejor que nosotros, es cuidadoso, hasta el extremo, abnegado hasta el sacrificio, sincero hasta lo increíble, recto hasta…?

Gato: Pido la palabra para el orden.

León: Tiene la palabra el representante Gato.

Gato: El representante Perro, incurre en el mismo defecto que acaba de achacar al señor Gallo. Elogia inmoderadamente las cualidades de su especie, y aunque éstas no son falsas, creo que no nos hemos reunido para hacer autobomba, sino para mejorar nuestra general condición. Por mi parte me permito sugerir que se proceda a discutir qué medidas deberán tomarse…

Todos: Bien pensado. Bien dicho. Es lo más acertado.

León: Se pregunta a los señores si se acepta la moción del Gato.

Gato: Del representante Gato, si el señor León lo tiene a bien.

León: Perdón, un pequeño lapsus linguae. ¿Se acepta?

Todos: ¡Siiiii…!

León: Ahora sírvase exponer su criterio al respecto, el representante Gato.

Gato: Gustosísimo, gustosísimo señor rey León. Creo que debe combatirse, de preferencia, los hábitos licenciosos de algunos animales. Se entregan desenfrenadamente a entretenimientos poco recomendables, y no temen incurrir en pecado de libertinaje. Para evitar esto…

Lobo: Perdonen que intervenga tan exabruptamente. No soy quien va a osar contradecir a tan sabio parlamentario; ni siquiera levantaré mi oscura voz en tan distinguida como selecta asamblea. Pero creo, salvando desde luego mejor parecer, que no es el paseo libre y el mundano trato lo que más debemos perseguir, sino el robo, la rapiña, la usurpación y el rapto. Hay, y es lamentable decirlo mucho de eso entre nosotros. Si el señor León quisiera dar una ley en tal sentido…

León: Por mi parte… Pero esto debe decirlo la mayoría.

Ratón: Pido la palabra.

León: La tiene, representante Ratón.

Ratón: Yo estoy de acuerdo con lo dicho por el Lobo. No puede ser de otra manera. Propongo que se expulse de las campiñas y poblados, a aquellos que tienen tan reprochable conducta.

Unos: Muy bien.

Otros: Es absurdo. No, no, no…

León: Orden, orden señores. Quien desee hablar que pida primero la palabra.

Gallo: Yo la quiero, señor León.

León: La tiene, entonces.

Gallo: Honorable representación animal; aunque prometí no volver a hablar, voy a hacerlo. En principio todos estamos de acuerdo en una cosa, y es la siguiente: que debemos mejorar nuestra condición moral, combatir los vicios y favorecer el desarrollo de las virtudes.

Todos: Muy bien, muy bien.

Gallo: Agradezco y sigo. Ahora bien, si estamos de acuerdo en lo principal, hay mucha discrepancia en lo accesorio. Esto es, en el procedimiento de hacer efectivos tan buenos propósitos.

Todos: Tiene razón, tiene razón.

Gallo: Estimo de mi parte, que el problema, en todo caso, no es de ninguna gravedad. Su solución es sencilla. Si quitamos su preponderancia a los animales más fuertes, estos dejarán de ser sanguinarios. No habiendo esa odiosa clasificación en fuertes y débiles, y siendo todos iguales en recursos y posibilidades de defensa, creo que desaparecerán las amenazas y las agresiones. Propongo entonces, que se decrete la ley de igualdad.

Todos: ¡Bravo! ¡Bravo! Muy bien, muy bien. (Ovación prolongada.)

León: Por favor, señores representantes, un momento. Justo y merecido aplauso ha merecido el señor diputado Gallo, por la sensata y cuerda moción. Considero oportuno, entonces, proceder a redactar el decreto, salvar, dada la aprobación unánime y espontánea de los aquí presentes, el requisito de la discusión. Me permito interrogar si están de acuerdo todos en eso.

Todos: Si, si, si…

León: Entonces, señores, habiendo llegado a un acuerdo, gracias al talentoso Gallo, venga pluma y papel o redáctese el texto y yo firmaré gustoso.

Relator: (Y el fabulista sigue refiriendo así el suceso.)

“Por interés los unos,

por zánganos los otros, y por tunos,

de igualdad sancionan el decreto.

Y luego al rey lo llevan con respeto.

Firmó su majestad, y en la asamblea

resuenan los aplausos de la idea.”

Pero cuando el júbilo es mayor y los representantes se preparan para dejar el local, grita el Ratón:

Ratón: ¡Eh! Señor León, señor León. Vuestro decreto es inútil, no se acota. La desigualdad se mantiene. No han desaparecido las preponderancias. Ved, junto a mí el señor Gato, cuyas uñas siguen siendo algo así como lo que los seres humanos llaman espada de Democles. ¿Por qué no se procede a despojar de sus armas naturales a todo el reino?

León: Amigo Ratón, yo no puedo llegar hasta eso. Si todos nos hemos declarado iguales, enhorabuena, pero ello no implica obligación de enmendar la plana a nuestra madre Natura. Tal pretensión sería infantil y ridícula. Lo que ella hizo de un modo y distribuyó de otro, no se puede cambiar con decretos. Conserven, el Toro sus cuernos, el Mulo sus pezuñas, el Tigre y el Gato sus filosas uñas, el Lobo sus dientes y yo mi fuerza. Quedan las cosas como Naturaleza las hizo, en tanto encontramos la manera de nivelar el reino, y hacer, de esa manera, una bella realidad, lo que por ahora no es sino encantadora utopía y un plausible propósito. Quizá en el futuro, todos podamos ser efectivamente iguales.

Relator: No dice el fabulista cuál fue el fin de la sesión, pero es de suponerse que las cosas no cambiaron en nada. Sólo sí anota García Goyena, en cuatro versos que:

Nunca se llegó a ver por experiencia,

pero salió con fruto esta sentencia:

Ningún legislador, aunque profundo,

podrá igualar el mundo.”